
El impacto emocional de aprender sobre el cambio climático puede ser profundo y generar en el alumnado sentimientos de impotencia y angustia. Los enfoques pedagógicos con perspectiva del trauma reconocen estas respuestas emocionales y proporcionan entornos de aprendizaje que ofrecen apoyo.

La educación climática tradicional suele centrarse en los aspectos científicos de las cuestiones ambientales. Sin embargo, para impulsar un cambio significativo, la educación debe abordar también las dimensiones emocionales y psicológicas, dotando al alumnado de las competencias necesarias para afrontar los desafíos climáticos y responder a ellos.

A medida que las realidades del cambio climático se hacen más evidentes, el estudiantado universitario experimenta niveles cada vez mayores de ansiedad relacionada con las preocupaciones ambientales. Esta respuesta emocional, conocida como ansiedad climática, puede afectar al bienestar del alumnado y a su implicación en las actividades académicas y sociales.